El chicle, savia obtenida del zapote, era conocido por los mayas desde tiempos antiguos y lo llamaban sicté. El árbol mide entre 10 y 15 m de altura y su diámetro oscila entre 90 cm y 1.50 m; su fruto, dulce y perfumoso, es el chicozapote. Crece en regiones húmedas de bosques tropicales y suelos calizos de escasa altitud. El área chiclera de México abarcaba el este de Yucatán, el sur y el oeste de Campeche y prácticamente todo Quintana Roo.
Hacia 1860, durante uno de los periodos presidenciales de Antonio López de Santa Anna, se inició la industrialización del chicle. El norteamericano James Adams fue quien agregó azúcar y saborizantes artificiales a esa sustancia elástica e insípida creando la goma de mascar y la Casa Adams.
El auge del chicle tuvo lugar durante la Primera Guerra Mundial, cuando los soldados norteamericanos la usaban como calmante, sustituto del tabaco y para mitigar la sed. Las primeras fábricas chicleras mexicanas se fundaron en 1923, y para fines de esa década las había ya en Alemania, Japón e incluso Egipto.